Sofia Avo Atelier
Sofia aborda la creación de sombreros como quien cuenta historias.
Más que un objeto, cada pieza nace de un recuerdo, de un gesto o de un momento compartido.
Su camino comenzó en la infancia, marcado por la imagen de su abuelo, para quien el sombrero era esencial. Más tarde, en Lisboa, el reencuentro con este objeto reveló otra inquietud: la falta de identidad en las piezas de producción en masa. Fue entonces cuando empezó a trazar su propio camino.
En el fieltro encontró material y lenguaje. Exploró su plasticidad, se alejó de lo convencional y comenzó a crear piezas únicas: primero como expresión artística y después como una extensión de las historias de quienes acuden a ella. Hoy, cada sombrero se construye a partir de relatos personales que se transforman en formas.
Se define en un territorio híbrido: entre artesana, artista y narradora de historias.
«Soy una mezcla de las tres», dice, con la naturalidad de quien no siente la necesidad de elegir una sola.
Reconoce esa misma intención en Lobo Apparel.
La artesanía, el tiempo y el origen de cada pieza, saber que hay manos e historias detrás de cada objeto: eso es lo que más valora.
«Esa artesanía, esa historia, es lo que da vida a Lobo».
Créditos fotográficos: Pedro Sadio
Carlos Flores
Carlos Flor se mueve entre la piedra, la arquitectura y las personas.
Pero, por encima de todo, se define de forma sencilla: un «hijo de la piedra».
Creció rodeado de este material y construyó a través de él su camino, uniendo práctica, pensamiento y creación. La arquitectura le dio un método y una forma de pensar; la piedra, material y dirección. En este equilibrio desarrolla su trabajo —entre la construcción, el arte y la educación—.
La piedra no es solo un material; está en el centro de todo.
«La piedra está por encima de todo», afirma. A partir de ella construye relaciones, proyectos y conocimiento, manteniendo siempre una fuerte conexión con el lado humano de su trabajo.
Rechaza los procesos vacíos y busca el significado en todo lo que hace. También se ve como alguien que cuida —de las personas, de las relaciones y del material con el que trabaja—.
Las piezas de Lobo lo acompañan en su día a día, desde la obra hasta sus momentos de ocio, siempre con la misma naturalidad.
«Están muy bien hechas, con un toque humano. Encajan muy bien con mi forma de moverme por el mundo. Tengo estas botas desde hace años… ya han pasado por mucho y se mantienen increíblemente bien».
Durabilidad, comodidad y autenticidad son cualidades que reconoce en la marca y que reflejan su forma de vivir y trabajar.
Créditos fotográficos: Pedro Sadio
Fulana, Beltrana e Sicrana
Algunos proyectos nacen de una necesidad de expresión.
Fulana, Beltrana e Sicrana nació hace más de una década: un universo materializado a través de muñecas de tela hechas a mano, que reúnen referencias del arte, la música, la política y la vida cotidiana. Cada pieza puede convertirse en un personaje, un recuerdo o incluso un retrato, moldeado a partir de la historia de quien la encarga.
Antes estuvo la danza: un camino arraigado en el cuerpo que, con el tiempo, encontró otro medio de expresión.
«Fue una progresión natural: usar las manos para expresarme de una forma diferente».
Hoy, ese gesto se ha extendido más allá de la marca. Fufu, el espacio que creó, es tienda y taller: un lugar donde su trabajo convive con el de otros artistas, diseñadores e ilustradores. Un espacio vivo, pensado para distintas edades y enfoques, donde el diseño se cruza con el humor y una sensibilidad contemporánea.
En Lobo encontró un lenguaje cercano al suyo: piezas sencillas, directas y creadas con intención, donde la forma y la función se equilibran de manera natural.
«Tiene una línea muy sencilla, va directa al grano: líneas bonitas, sencillas, y la calidad es muy buena».
Entre comodidad, versatilidad y durabilidad, estas piezas pasan a formar parte del día a día, utilizadas con la misma libertad con la que ella crea.
Instagram de Fulana, Beltrana e Sicrana
Créditos fotográficos: Pedro Sadio
